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domingo, 8 de marzo de 2015

8M

"Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas,
 recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas,
 conducimos vuestras ambulancias, y os protegemos mientras dormís,
 así que no te metas con nosotros."
Tyler Durden



Hoy ha hecho un día perfecto.
Un día perfecto para ser mujer; mujer consciente y luchadora,
para calzarse deportivas o tacones
y salir a la calle a gritar que la revolución será
feminista, o no será.
Hoy ha hecho un día perfecto para dejar los platos sin fregar,
para callar al acosador con la palabra, gesto o mirada más cortante,
para dejar de juzgar a las demás y avanzar juntas hacia adelante.
Hoy ha hecho un día perfecto para que revises tus machismos y
cuestiones tus privilegios frente a tus compañeras,
para que reconozcas la opresión y te decidas a luchar en mi trinchera.
Hoy hay hecho un día perfecto para descubrirte,
para disfrutar(te) y querer(te),
o para compartirte con quien quieras, como y cuando quieras,
que no hay normas, ni etiquetas, porque el amor no aprieta.
Hoy ha hecho un día perfecto para montar un aquelarre,
para bailar con las brujas y aullar con las lobas,
para quemar la Conferencia Episcopal,
para abortar a un alto cargo del PP
para cagarnos en la brecha salarial
para acordarnos de las que ya no están
para celebrar que somos muchas, somos tantas,
que somos cada vez más.
Que somos las hijas de Eva, las madres, las putas, las locas del coño,
las feminazis, las bolleras, las esposas, las solteras, las ancianas,
el segundo sexo, las que disfrutan del sexo,
las dejadas, las peludas, las flacas, las feas,
las histéricas, las fáciles, las estrechas,
las combativas, las guerrilleras,
las que se quedan para vestir santos,
las que se desvisten porque quieren,
las que siembran vida y recogen vuestras miserias.

Hoy ha hecho un día perfecto para luchar contra el patriarcado.

Y mañana, mañana también.

Michaela Meadow

martes, 24 de septiembre de 2013

"—¿Sabías que el mar aquí es muy importante? Donde más...
 —No hay mar aqui.
 —Por eso, es donde más se piensa en él. Las cosas no son importantes porque existen, son importantes porque se piensa en ellas. Mi madre lo dice siempre, que existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés."
  (Princesas)


martes, 29 de mayo de 2012

¡Buongiorno principesse!

Princesa es una de esas palabras que te perforan los oídos con su afilada cursilería. 
Es rosa, es ñoña, es insípida y pusilánime. 
Es la imagen de una dulce y frágil damisela de rasgos delicados y ternura infinita que cepilla su larga cabellera encerrada en una torre, limpia el polvo y canta con las dóciles criaturas del bosque en la cabaña de siete enanos o es explotada por malvadas hermanastras mientras espera ansiosa la llegada de un caballero apuesto y audaz que la libere de su desdichada vida para colmar su futuro de empalagoso romanticismo.

Al menos esa es la idea de azúcar glas que venden los cuentos infantiles cuyos tintes patriarcales yo ya me resistía a digerir en mi más tierna infancia, algo que a mi madre le encanta contar.
Y sin embargo, conozco princesas (el mundo está lleno de ellas) pero las de verdad no son como las de los cuentos... aquí las princesas bailan a otro compás:
Las princesas que conozco no huyen despavoridas a las 12 de la fiesta, noy hay toques de queda ni hechizos que valgan, ellas deciden cuándo acaba la noche. No pierden zapatos de cristal porque no llevan zapatos de cristal. De hecho apenas llevan tacones (los tacones son invento de un misógeno) y, si se cansan de ellos, se los quitan y andan descalzas cual amazonas. No les quita el sueño dormir sobre un guisante; cualquier parque, banco o calle es buena cama si se tercia. No mantienen la compostura y tampoco son las más delicadas: gritan cuando les sale de dentro, dicen palabrotas, opinan de política, corren delante de la policía y detrás de los autobuses, juegan al fútbol, se emborrachan con bolcheviques y bailan con desconocidos. 
No sueñan con el caballero del final feliz pues se enamoran cada día y son igualmente dichosas. 
Tampoco necesitan que nadie acuda a rescatarlas porque ellas se liberan solas.
Ni pudores, ni complejos... que son guapas hasta cuando se despiertan con el maquillaje de la noche anterior restregado por la cara y una sensación en la boca de haber masticado gravilla o lamido contenedores.
Los animalitos no bailan ni cantan a su alrededor aunque de vez en cuando en su perfecta imperfección de princesas reciben, al igual que el resto de los mortales, un excremento gigante de paloma en la cabeza...
Pero siguen siendo princesas. Y hacen cosas de princesas, como lavar el coche, hablar con la boca llena, escupir cerveza en un ataque de risa o enseñar el culo en plena calle.
Aunque no debe engañaros su espontaneidad y su descaro; a veces se ponen tristes, se agobian o se preocupan y son tan tiernas que necesitan mil besos y abrazos para reactivarse.

"Dicen que las princesas no tienen equilibrio, son tan sensibles que notan la rotación de la tierra. Dicen que son tan sensibles que enferman si están lejos de su reino, que hasta pueden morir de tristeza." 
Las princesas que yo conozco son republicanas y no tienen ni quieren reino. Pero al hilo de una sabia frase cinematográfica "tu país son tus amigos y eso sí se extraña", sé que morirían de tristeza lejos de ese "reino" que supone su amistad.
 Y vivieron felices 
(y no comieron perdices porque alguna era vegetariana).





sábado, 17 de marzo de 2012

L'air avec parfum au chocolat

Tres días. Setenta y dos horas...quizá alguna menos.
Y ocho pies; cuatro pares de pisadas que caminan sobre les pavés, oscuros, como esos bajo los que se escondía la playa en 1968. Si alguien observase a esas cuatro sombras deslizarse lentamente por la ciudad juraría que no llevan más rumbo que el que dicta el instinto, la simple inercia de poner un pie siempre delante del otro. Pero no, nada más lejos de la realidad. De todas formas, es igual, tampoco hay nadie que las observe salvo el frío y el cielo gris de una ciudad que aún está empezando a despertar.
Los cuatro pares de pasos tienen un destino concreto y avanzan sin vacilar por un trayecto que han recorrido varias veces en las últimas horas, aunque saben que ésta va a ser la última vez. Al menos por un tiempo.
Las mochilas están llenas, tan apretado el contenido que hasta ha costado cerrarlas... y, sin embargo, no es importante. Lo verdaderamente fundamental no lo han guardado con el equipaje, ni en los bolsillos del abrigo, ni en la carpeta con planos y billetes de avión. Lo verdaderamente importante es lo que guardan en la memoria. Los recuerdos de una aventura, breve pero intensa, es lo que de verdad cuenta... lo que queda al final del viaje. Y es eso, precisamente, lo que saborean mentalmente mientras que, con cada paso, se alejan de lo vivido y se acercan a casa.
Caminan juntas, sí, pero en silencio.


Con la complicidad de los que saben que han compartido algo grande.