miércoles, 4 de noviembre de 2015

Desprenderse (II)

"No importa que la sensación  sea triste o hasta desagradable,
pero cuando me voy de un sitio me gusta darme cuenta
 de que me marcho. Si no luego me da más pena."
Salinger; El Guardián entre el centeno





La primera parte también dolió,
fue un bofetón a mano abierta en la cara,
pero fue un golpe seco y fugaz
y el escozor duró lo que el tránsito.

Claro que importa y jode perder 
(trenes, cosas, momentos, gente)
pero Holden Caulfield y yo
éramos todo pose.
Y aún hoy, a veces.

                                                                                                            
"La vida pirata es la  vida mejor"
-solías gritar-
y estrellabas cubatas  de bar contra el suelo
la gente bailaba en el mar de cristal,
de ron barato, cocacola y hielo.

No quisimos ver que esto se iba a quebrar
(y llamarlo flaqueza ya no sería justo)
Hay cobardes también entre lobos de mar.
Ni siquiera supimos remar hasta Oporto.








Tronados y princesas, pájaros y peronis.
Molábamos fuerte.

lunes, 26 de octubre de 2015

Poetas de Madrid

"O podríamos ser honestos
y no hacer más poesía"
JLE Hoz


Alguien dijo una vez que "los poetas de Madrid están contentos follándose entre ellos", quizás sea porque los poetas de Madrid (que no necesariamente madrileños) vienen cortados con el mismo rasero: las mismas figuras, los mismos sombreros, la misma puta entonación artificial de loquendo malasañero, la misma trillada pose de inconformista bohemio. Las mismas ganas de gustar y de gustarse mutuamente... sí, por qué no, de follarse entre ellos.
Que las palabras las clavan y puede ser, también, que claven el contenido; que aprieten la tecla exacta de la empatía y que logren arrancarte alguna carcajada...puede ser incluso que sus palabras acierten en toda la diana.
Pero los poetas de Madrid, no sé, siempre me hacen sentir que es mentira lo que veo. Entre tres poemas de resacas y medio kilo de sudor y bragas, me hablas de capitalismo y dices convencido que "aquí estamos luchando". Perdona compañero, no es por desmerecer, pero yo aquí veo un recital en un bar pijo, bandejas y camareros, butacas con faldita y mucho, mucho postureo. No diré que no te creas lo que dices pero crees que con decirlo ya has cumplido, y este mundo de mierda no se cambia con buenismo.  
Háblanos de injusticias, de poderes, de machismo; cuéntanos lo que sentiste aquélla vez cuando volvías de un desahucio... y el público te dará aplausos emocionados.  No es por romper la magia pero... ¿sabes qué? Nadie de esta puta sala sabe de lo que has hablado. 
No han ido a manifestarse, nunca se han organizado, no han difundido nada, no han gritado, no han luchado, no han olido ni de lejos la injusticia que has narrado... pero quieren fotos y autógrafos de ese tío con sombrero que se ve que paró un desahucio. Comprarán tus libros para leer en casa lo que no quieren ver fuera y harán suyo el compromiso y la lucha que abanderas y seguro, seguro, que el próximo día de manifestación irán a cambiar el mundo a un bar pijo donde dan un recital unos poetas de Madrid (no necesariamente madrileños) que están contentos follándose entre ellos.

Por favor, un poquito más del mundo y menos de ego.

martes, 8 de septiembre de 2015

AMALIO CLUB

"- Pero es que a mí no me gusta tratar a gente loca
- Oh, eso no lo puedes evitar. Aquí todos estamos locos. 
Yo estoy loco. Tú estás loca.
- ¿Cómo sabes que yo estoy loca?
- Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí."
 Alicia en el país de las maravillas; L.Carroll





¿Cómo alguien podría olvidarse de aquel manicomio?

Aquella puta jaula de grillos donde se agolpaban un montón de individuos con su uniforme bicolor: pantalones blancos y camiseta negra con sus dos franjas a cuadros y, estampado en medio, el nombre de aquella noble institución (asociación cultural la llamaban algunos) en la que habían ingresado por voluntad propia y que probaba, a todas luces y sin necesidad de test ni pruebas clínicas, su más absoluta demencia. 
Allí un grupo embriagándose con "elixir de amor" de Zamo, justo al lado de esos que se preparaban para el desfile de lunáticos añadiendo a su atuendo algún complemento más o menos absurdo y borrachos de felicidad... El filósofo se bañaba en calzoncillos en una piscina hinchable para niños, aleccionando a las masas con sabiduría popular y rodeado de gambas flotantes; un montón de gente berreaba al ritmo de "qué bonito es Israel" mientras golpeaban las paredes de metal de la carpa que les alojaba y otros volcaban un urinario de cabina con alguien dentro para alegría de todos, que se recreaban en sus pocos escrúpulos y aplaudían su pocilga colectiva coreando "¿Cuál es la peña que huele peor?" para auto-responderse a continuación: "¡EL AMALIO!"
Un día al año hacían la "ronda satánica" en las que básicamente competían por parejas bebiendo calimocho hasta que el estómago o los esfínteres de alguien se rendían; también eran expertos en gorronear charangas a los vecinos, en animar el baile con una inesperada fiesta del agua enchufando a la gente con la manguera de limpiar o tratar de subir (o bajar) la temperatura con la improvisada, a menudo lamentable y siempre surrealista actuación de streappers a cargo de algún miembro de la peña con disfraces resultones y mucho afán por exhibirse. 
Porque recursos pocos, pero imaginación y desparpajo había a chorros (bebidas espirituosas también había a chorros, aunque la directiva y su economía planificada hacían lo imposible por controlar el búnker...con mejor o peor resultado a medida que transcurrían las noches). Todo eran maravillosas sorpresas: lo mismo se caían las paredes de la carpa que se metía gente en el arcón de los hielos, salían amalias del contenedor o alguien hacía noche en la taza del váter... todo bajo la atenta y protectora mirada del segurata. 
Como buena asociación cultural también había conciertos y sabe dios que nunca hubo un público tan entregado. Bailaban de todo y coreaban con orgullo su himno, ése con cuatro versos y un estribillo dedicado a una cebolla: nada menos mainstream y más genial que un vegetal ska.
No todo era fiesta y ocio nocturno, también hacían excursiones: los más valientes dementes iban con los primeros rayos de sol al zoológico a empatizar con sus más cercanos parientes, los primates, y a exigir "¡monos libertad!", pero la excursión estrella eran los coches de choque (donde amortizaban las capuchas de sus sudaderas) hasta que les vetaron la entrada al establecimiento si iban todos juntos... se ve que la sociedad aún no estaba preparada para tan altas dosis de locura y carencia total de sentido común.

Y sí, se dice que nacieron de un carrito y mil leyendas y hazañas más. Y que se disolvieron, probablemente, para librar al mundo de una hecatombe aún mayor. Pero nunca otra peña supo juntar a lo mejor de cada casa y nunca antes hubo tanto sinsentido bajo una misma carpa



Y no, desarraigo no es lo que tenían los de la generación del '98, desarraigo es lo que tengo yo cada comienzo de septiembre cuando me veo huérfana de asco y magia. "Amalios del mundo, re-uníos". Pofavó.

¡¡¡¿Cómo alguien podría olvidarse de aquel manicomio?!!!



domingo, 31 de mayo de 2015

Acostumbrarse

«A dos cosas hay que acostumbrarse,
 so pena de hallar intolerable la vida: 
a las injurias del tiempo las
 injusticias de los hombres».
Nicolas Chamfort


Acostúmbrate a coleccionar títulos
a repartir currículums
a llegar a la treintena sin un año cotizado
Acostúmbrate a infojobs o a buscar piso
Acostúmbrate a despedir amigos
a viajar en low cost y visitarles en su exilio
a hacer maletas para irte, tú también, lejos
o acostúmbrate a vivir con tus padres
Acostúmbrate a las decepciones
a la rabia o la esperanza repentinas

Acostúmbrate a los hospitales
al olor de sus pasillos
a los linfomas, las vías y los análisis
Acostúmbrate a los tanatorios,
al escozor de garganta y al temblor del labio
a la opresión en el pecho y los abrazos sin palabras
a las ausencias

Acostúmbrate también a las placentas llenas
a las cervezas “sin”
a las hipotecas con nombre propio y pañales
a los ojos brillantes y la emoción contenida
a pesar de todo

Acostúmbrate a conversaciones de adultos
a votar o abstenerte cada cuatro años
a leer basura y mentiras en la prensa
a escuchar debates yermos de barra de bar
Acostúmbrate a no dolerte ante un telediario
a que la gente muera en Palestina
como si fuese de voluntad propia
Acostúmbrate a la impotencia de los daños colaterales
a las misiones de paz de la OTAN
a la hipocresía de los demócratas
a que la culpa sea de la víctima
a vivir con el peso de saber lo que ocurre
a denunciarlo y ser terrorista.
a guardar memoria
a que lo normalizado se asuma sin críticas
Acostúmbrate a estar loco de cara a la galería

Acostúmbrate a la viejuventud
a la alopecia incipiente
a las estrías
a decidir, a elegir y renunciar
a brindar por los viejos tiempos que no son tan viejos
al por qué coño no sale nadie
o a que salgan todos y quemar Bardales
al “una y a casa” que nunca es
a la resaca hasta el martes

Acostúmbrate a acostumbrarte al resto de tu vida.


Advertencia del autor: acostumbrarse no implica resignarse.

jueves, 21 de mayo de 2015

Nihilismo (del latín nihil, "nada").

A veces quedaban para no hacer nada.
O para hacerlo.

La nada es tan relativa que puede serlo todo.
¿Qué haces? Nada.
Nada que genere beneficio.
Nada que vaya a salvar el Amazonas.
Nada que pueda parar una guerra.
Nada que vaya a curar el sida.
Nada que arregle este jodido mundo.

Pero puedes responder "nada" y estar
podando el césped,
tendiendo las bragas,
cantando en la ducha,
poniendo una bomba,
limpiándote el culo.

A menudo "nada" es "nada que os importe".

Pues eso, que a veces quedaban para hacer nada.
Se enredaban en diálogos dialécticos
cuerpo a cuerpo
se despojaban de todo lo pretendidamente superior,
de todo lo inexistente que debían creer
(rutina, justicia, ropa, miedo, moral, protocolo) .
Se aferraban al devenir de sus propios latidos
abrazaban las infinitas posibilidades de su existir
aquí y ahora
y las celebraban.
Sublimación de lo lúdico,
carnaval del instinto más primitivo.
Negaban todos los dogmas que no cupiesen en un somier
aullaban consignas de exaltación a la vida,
sin buscar lo trascendente en sus rituales,
burlando a la fe y quedándose el éxtasis,
Ignorando a cualquier autoridad
que no fuese la del reloj que señala
el momento en que se debe dejar de hacer nada.

Os juro que hacían mucho.
Pero nada que os importe.






domingo, 17 de mayo de 2015

Arbeit macht frei

"Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie."
Theodor Adorno



    "El trabajo os hará libres"- dicen las puertas del infierno en la Tierra.
    (De uno de ellos).
    Setenta años después no hay cenizas cubriendo el azul del cielo, no huele a carne quemada, ni se apilan contorsionados cadáveres tísicos esperando desaparecer en columnas de humo negro. No hay sombras con rostros de calavera realizando trabajos forzados, apiñados en barracones, rascándose las pulgas, comiéndose los miedos, consumiendo los días, esperando el milagro o la muerte.
    Es imposible imaginar el horror setenta años después, pero jurarías que ese sauce llorón de la esquina no pudo haber elegido un lugar mejor para echarse a llorar.

    Montañas de zapatos, de todos los tipos y tamaños; 
    piscinas de cepillos de dientes, cubiertos, prótesis; 
    madejas de pelo (parece ser que se hicieron muchas mantas con él); 
    maletas, marcadas con apellidos, 
    esperando vacías tras una vitrina a unos dueños que no volvieron a recogerlas.

    No conozco el horror pero he visto su museo. 
    El parque temático del silencio, donde el visitante está tan sobrecogido que cualquier palabra o gesto carece de todo sentido, un insulto vacío, un escupitajo en la cara de la humanidad.

    Hay un pasillo repleto de luchadores contra el horror. Te miran desde el marco de sus fotografías con sus trajes de rayas, sus triángulos rojos o rosas, sus estrellas amarillas, con sus nuevos nombres números sujetos en un cartel entre las manos. Algunos tienen los ojos brillantes, otros aprietan la mandíbula o tienen rostros tristes carcomidos por los augurios. Pero esos que te fascinan son los de la sonrisa, esos que fuera de cualquier lógica miran al verdugo que les dispara (de momento con una cámara) y aplican la filosofía del: 

    "Nuestra venganza es ser felices".


    martes, 14 de abril de 2015

    Elegía al fueguito que se propaga.

    "Otros arden la vida con tantas ganas
    que no se puede mirarlos sin parpadear,
    y quien se acerca, se enciende"
    Eduardo Galeano



    Óyeme Eduardo,
    estas cosas se avisan, se adelantan, 
    que me he quedado triste, con la mirada perdida,
    con el titular de prensa atravesado en los párpados
    y tu despedida atravesada en la garganta.
    Ya no habrá quien nos encamine el paso
    en dirección a la utopía,
    que nos diga que el delirio es un derecho
    que nos declare "hijos de los días".
    Alguien tendrá que recordarnos que las manos son nuestras
    aunque estén vacías,
    que venimos de la tierra
    y que somos todos indígenas con las venas abiertas, 
    Alguien que venga a explicarnos lo que engendra la violencia
    alguien que señale claro a aquellos que la sustentan.
    Óyeme Eduardo,
    voy a hacer cosas chiquitas, 
    a transformar lo transformable y,
    luego, 
    que se extienda bien el fuego.
    Tu fueguito se ha apagado y, mañana,
     no se reconcilian ya tu ayer y tu hoy
    pero ardías la vida con tantas ganas
    que quien lee tus páginas y 
    se acerca a tus palabras,
    se enciende.

    Gracias por sembrar fueguitos de alegría y lucha.
    Los Nadie te lloran.




    martes, 24 de marzo de 2015

    Filosofía de bar


    "Nuestra existencia no es más que un cortocircuito de luz 
    entre dos eternidades de oscuridad."
      V.Nabokov


      Ni todas las citas célebres proceden de grandes discursos,
      ni todos las grandes reflexiones se extraen de elaborados ensayos.
      A veces vale un reencuentro entre botellines en cualquier bar
      de capital de provincia castellana-oriental,
      para que dos genios alcarreños ebrios
      sentencien la siguiente verdad:
      (No, Wasel, ni siquiera esta vez fue Sun Tzu)

      "¡Seguimos vivos!"

      Dicho con esa entonación que parece añadir un "¡que no es poco!"
      mientras posan sonriendo ante la cámara de fotos.

      Y no es poco, joder.
      "¡Seguimos vivos!", que lo es todo.

      domingo, 8 de marzo de 2015

      8M

      "Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas,
       recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas,
       conducimos vuestras ambulancias, y os protegemos mientras dormís,
       así que no te metas con nosotros."
      Tyler Durden



      Hoy ha hecho un día perfecto.
      Un día perfecto para ser mujer; mujer consciente y luchadora,
      para calzarse deportivas o tacones
      y salir a la calle a gritar que la revolución será
      feminista, o no será.
      Hoy ha hecho un día perfecto para dejar los platos sin fregar,
      para callar al acosador con la palabra, gesto o mirada más cortante,
      para dejar de juzgar a las demás y avanzar juntas hacia adelante.
      Hoy ha hecho un día perfecto para que revises tus machismos y
      cuestiones tus privilegios frente a tus compañeras,
      para que reconozcas la opresión y te decidas a luchar en mi trinchera.
      Hoy hay hecho un día perfecto para descubrirte,
      para disfrutar(te) y querer(te),
      o para compartirte con quien quieras, como y cuando quieras,
      que no hay normas, ni etiquetas, porque el amor no aprieta.
      Hoy ha hecho un día perfecto para montar un aquelarre,
      para bailar con las brujas y aullar con las lobas,
      para quemar la Conferencia Episcopal,
      para abortar a un alto cargo del PP
      para cagarnos en la brecha salarial
      para acordarnos de las que ya no están
      para celebrar que somos muchas, somos tantas,
      que somos cada vez más.
      Que somos las hijas de Eva, las madres, las putas, las locas del coño,
      las feminazis, las bolleras, las esposas, las solteras, las ancianas,
      el segundo sexo, las que disfrutan del sexo,
      las dejadas, las peludas, las flacas, las feas,
      las histéricas, las fáciles, las estrechas,
      las combativas, las guerrilleras,
      las que se quedan para vestir santos,
      las que se desvisten porque quieren,
      las que siembran vida y recogen vuestras miserias.

      Hoy ha hecho un día perfecto para luchar contra el patriarcado.

      Y mañana, mañana también.

      Michaela Meadow

      jueves, 22 de enero de 2015

      Coimbra

      Te voy a contar la historia del mar que no era y la casa que era barco. Los desayunos eran en proa, que dicen que es el "Clube dos Poetas Mortos"... aunque allí estaban todos muy vivos. El anfitrión (¡oh capitán, mi capitán!) tiene la sonrisa más grande del mundo y una tripulación que se adormece en las terrazas de los bares al sol de enero. 



      Te diré que donde el mar no está hecho de olas, rompen contra las calles puñados de carcajadas, canciones desafinadas y acordes torpes de guitarra. Los gritos se leen en las paredes, en mil idiomas y caligrafías, y nadie los calla porque la ciudad está viva. Tan viva que baila cumbia, reggae o ska al ritmo de los fogones, y cualquier cocinillas o pinche es buen compañero de baile.

      Te contaría que vimos reptilianos chupasangre y transformes alcohólicos y, aunque me digas que fue puro teatro... créetelo, porque allí no hay nada imposible salvo encontrar una república que no te deje los pies fríos y el corazón caliente. 

      Y te daré un consejo: no te levantes a contestar el teléfono que cuelga del techo porque, si te despistas, tu cama se convierte en zoo y tienes gatos y perros entre las colchas. Entonces alternas estornudos y sonrisas a partes iguales. 

      Y que siga la fiesta que aquí uno se embriaga a té hasta que el mundo se da la vuelta y no hay nada más divertido que emular a Da Vinci. Que quizás no doblemos herraduras con las manos pero ¿sabes qué? fuimos tan súper-hombres, tan súper-mujeres, que arreglamos el mundo varias veces y, después, nos descojonamos de todo aquéllo que no pudimos arreglar. 

      Nos reímos de lo injusto, de lo triste y del miedo. Nos reímos hasta de los muertos. Y no es que seamos frívolos o que nos ponga el humor negro (que también) es que, a pesar de todo, nosotros estamos vivos.

      Que aunque el mundo es inmenso y hay mil caminos distintos y distantes, cualquier tren nocturno te lleva al puerto de un amigo.

      ¡Que não estas sozinho!

      lunes, 1 de diciembre de 2014

      Lunáticos de invierno

      "De todas las cosas que he perdido
       la que más  menos extraño es mi cordura."
        Mark Twain

        Traigo el frío de los muertos en las manos, como siempre.
        Quizás sea estufa tu jersey o quizás

        quizás en su barco haya una fogata 
        o una botella de ron p'abrasarme las entrañas.

        El té ya no sé si rojo o negro, por lo que pueda leerse en los posos, 
        Los divanes son para aburridos no para locos y las almohadas, en serio, las almohadas no escuchan. 
        Odio cuando los cuerdos van de psicoanalistas. Sin acento argentino ni hostias.
        Te dicen que estás loco y entonces sí te da el brote psicótico.
        No me jodas. La locura es elección personal, idiotas.

        A veces.

        Pues eso, que me irrita la cordura de los rancios y lo demás
        lo políticamentecorrecto y lo normal.  
        Sobretodo cuando es lo fácil.

        Que llegue ya la primera nevada porque tengo estaciones de tren 
        y relojes atrasados y ochomiles de apuntes en precario equilibrio
        y fideos en la tripa (¿quién cojones come mariposas?) nadando en café de máquina. 
        Y me sobran. 

        Y esta vez, sin sobrarme, me abundan las flaquezas
        me esquivan las certezas.

        Pero bailemos, Que es invierno.



        martes, 4 de noviembre de 2014

        Mujer-carrasca

        A Celia, por ser abuela.
        Por ser la mía.


        Hay ganchillo en los cojines  y conserva en la despensa en tarros grandes de cristal. Cierro los ojos y vuelvo a verte desbriznar el azafrán, a los eneros de matanza y los puñales de hielo colgando del alfeizar. Te veo subir del huerto de la fuente con el caldero azul rebosante de borraja y te oigo gritarme que me aleje del pozo porque, seguramente, estoy escarbando distraída en busca de zanahorias para ver si consigo que se me acerquen los conejos y poderles tocar... Pero, al abrir los ojos, de aquello no queda nada: no huele a pan la vieja cochera, ni quedan conejos asustadizos en las parideras del corral. Hace mucho que no echas el grano a las gallinas y que no pesas magdalenas en la báscula de metal.

        Nunca entendí que te sorprendieses de lo bien que leía ni de que me hicieses escribir en cualquier papelajo para admirar mi caligrafía escolar, pero tanta ilusión te hacía vernos crecer y progresar... ¿Te acuerdas del día que me atacó el gallo? Apareciste ante mí como la brava heroína del corral, espantando a manotazos aquella bola de plumas… intuyo que más tarde se lo harías pagar. Recuerdo de pequeña ir contigo a misa y la angustia que yo pasaba sentada, mirando al cristo crucificado que estaba ahí, sangrando y medio muerto, mientras nadie le ayudaba… pronto comprendiste que el potaje y los buñuelos eran mi parte favorita de la Semana Santa. 

        Según pasaron los años empezaste a perseguirme por casa para arremangarme el bajo de los pantalones de campana, que “vas barriendo el pueblo” me decías. Si trasnochábamos en las fiestas siempre tenías un "¡Ay, pispoteros!" con el que "animarnos" por la mañana a salir de debajo del edredón y, si había suerte, en invierno al acostarnos, encontrábamos una bolsa de agua caliente entre las sábanas y el pijama calentito en el radiador. Recuerdo cuando me enseñabas a hacer flores que duraban bien poco en la bandeja, cuando te reías con las tonterías de tus nietos y cómo hacías punto sentada en el sofá; recuerdo también las jotas de Nobleza Baturra que a veces te animabas a cantarme, o esa caja de zapatos repleta de fotos viejas a cuyos protagonistas me ayudabas a adivinar.

        Ojalá poder volverte a escuchar.
        Que me des tus manos ásperas de sembrar el pan.
        Que me cuentes más historias de hambre y de pastores.
        Ojalá. 
        Ojalá otra guerra de besos, de esas de antes de montar en el coche en las despedidas...  
        y sabes que no paro hasta que te rías. 

        Luego llegaron las nubes a la memoria. El fairy a las ensaladas.
        Los días en que contabas historias de antes, porque era lo que mejor recordabas.
        "No me engañes", me decías, y yo tenía que insistirte - que de verdad era tu nieta- quizás no te lo creías del todo pero me cogías del brazo y volvíamos a pasear.
        Cambiabas de tema: "Igual hay que mirar si hoy han puesto las gallinas".
        (Pero ya habíamos ido varias veces al corral).

        Sin darnos cuenta nos despedimos de manera extraoficial. Presa de una silla de ruedas, la mirada casi perdida, las manos bien apretadas, silencio en el paladar. Intuyo que de haber podido, habrías echado a volar. Pero siempre fuiste mujer recia, tan de tu tierra, tan carrasca, tan Pedregal… y las carrascas tienen fuertes las raíces y supongo que, por eso, no podías despegar. Yo te juro que aprendí a ser cobarde cuando no quise ir a verte para no echarme a llorar. 

        Ahora hay fuego en la estufa y huele el salón a chasca.
        Las campanas de la torre hablan su idioma de muertos

        Y no estás. 

        Me dijeron que te habías ido y brindé por tus alas nuevas. Por fin descansabas, yaya.
        La copa y la Luna llenas (el vacío vendría después).
        Pero aún no era ni de día ni de noche, era pronto y tarde para llorar. 
        Y total, para ti ya no importaba el tiempo...

        Que la tierra te sea leve, Celia,
        Mujer-carrasca de El Pedregal.


        jueves, 30 de octubre de 2014

        Pachucha. Kikoso.

        A ella le gustaba llevar ese chándal de mil colores. Uno de esos que ahora llevan los modernos pero que tienen más años que Atapuerca. Él solía llevar un mono vaquero y una camiseta de rayas, aunque en invierno sacaba ese abrigo de pelusilla marrón con orejas de oso en la capucha.
        Ella tenía pelo rubio brillante, nariz de habichuela y hoyuelos al sonreír. Él andaba siempre con cara de susto y la nariz colorada, redonda como un botón. Era pelirrojo, pero me atrevo a jurar que nunca nadie había conseguido peinarle. 

        Hubo un tiempo en que yo no me separaba de ella: jugábamos después del cole y las meriendas se hacían eternas si ella se empeñaba en rechazar la fruta, dormíamos juntas (yo me pedía pared), nos reíamos como locas ante cualquier atisbo de foto y se sentaba a mi lado cuando yo pintaba con acuarelas mis vanguardias infantiles. 
        Recuerdo que a Rodrigo le pasaba algo parecido con él. No es que fuera el crío más inocente del mundo (y cualquiera que haya visto su sonrisa de "yonohesido" dará fe de ello), pero con él era distinto, le cuidaba y le protegía como si fuese su hermano mayor. El primo de Zumosol. Él era más mayor que Rodrigo, había vivido mil aventuras antes y, a veces, se le notaba perdido, quizás cansado de tanto jugar. Había tenido un accidente que le hizo perder la visión y Rodrigo lloraba tanto cuando le miraba el ojo mutilado, con sus pestañas aplastadas y la córnea destrozada por un destornillador, que la tía tuvo que improvisar un parche rojo para que Rodrigo dejase de llorar. Luego todo fue mejor. No es lo mismo tener un amigo tullido que un amigo pirata, ya se sabe.

        Y míralesnos

        Cómo pasa pesa el tiempo.




        lunes, 27 de octubre de 2014

        Despedida


        - Cuanto más me tocas menos ganas tengo de irme.
        - Cuantas menos ganas tengo de que te vayas más te toco.


        martes, 30 de septiembre de 2014

        Ítaca

        Cuando volvió a Ítaca se dio cuenta, de verdad, de lo corta y lo salvaje que había sido su Odisea. Entonces ese lugar que tanto le gustaba, ese cacho de tierra del que antes solía hacer patria, al que humildemente ponía a la altura o por encima de ciudades Patrimonio de la Humanidad y al que solo a sí mismo y a sus paisanos permitía el derecho y el placer de criticar (porque lo amaban y lo sufrían al mismo tiempo que él)... ese lugar, ahora le resultaba completamente ajeno. Ítaca le agobiaba y le parecía que las alcarrias que la flanquean le cercaban y se estrechaban para que no escapase más:

        también hay islas lejos del mar.

        Qué igual era todo y qué distinto a la vez. Aunque nadie, nadie más, parecía percatarse.
        Se preguntó si era él quién había cambiado.

        En la aventura había aprendido cosas que no se pueden leer: que el horizonte es infinito, que hay vida más allá,  que en el corazón (o en las pupilas, o en la memoria, o en donde quiera que se guarden las cosas importantes) cabe mucho más que en la maleta. Y caben arraigos y pertenencias. Otras Ítacas.

        En Ítaca no siempre hay Penélopes tejiendo ausencias y la ausencia le había hecho prescindible. 
        Cuando volvió le costó encajar -el golpe- en ese ecosistema del que una vez salió y que había seguido funcionando igual de bien sin él. Pero al final comprendió que es esa prescindibilidad la que nos deja ser parte de todo y de todos.
        -"Y eso es bien"- supuso.
        -"Joder, ¡eso es muy bien!"- se convenció.

        Eso implica que cuando emprendiese nuevas Odiseas seguiría  pudiendo volver porque, no importa lo cambiado que regresase o lo asquerosamente igual y distinta que le esperase Ítaca a su regreso, seguirá siendo la suya y, podía reconocerlo, estando lejos extrañaba su sinsentido.

        Que Eolo sople nuevos vientos.
        Que a Ítaca siempre se regesa.

        martes, 3 de diciembre de 2013

        Coucou

        Recuerdos de un viaje en autobús que, por su duración, bien podría haber tenido por destino Mordor o el fin del mundo. Por si acaso, servidora se apeó en Montpellier.
        - "Española ¿eh? Supongo que vienes a trabajar en la vendimia" Fue la extraña bienvenida que me dedicó Francia a través de un desconocido al desembarcar en medio de la noche en la estación de bus. Ahora que una ha tenido tiempo de acostumbarse al chovinismo, la excesiva burocracia y la fierté de les enfants de la patrie, no me sorprende el recibiento, pero por aquél entonces fue très choquant.

        Parece que ha pasado una eternidad desde aquellos días en que una maleta, vértigo e incertidumbre era lo único que traía conmigo, cuando vivía de okupa en residencias ajenas, comíamos taboulé infame y por manta usábamos una bandera republicana.

        Tres meses después una se ha acostumbrado a no encontrar las alcarrias recortadas contra el cielo al otro lado de la ventana, a hablar francés (con acentos varios) sin necesidad de unas cervezas para desinhibirse y a ser yo la extraña extranjera. Ahora conozco par coeur las paradas del tranvía, dónde desembocan los callejones y en qué recovecos se esconden las placitas con más encanto de la zona antigua. Conozco con precisión la combinación de los semáforos del cruce de Boulevard de Strasbourg, los horarios y los bares con descuento y a qué hora la policia desaloja la Place Saint Roch. He visto pasar minutos delante de ropa centrifugándose en lavanderías colectivas, sé que los domingos alguien venderá la bici que te han robado en el mercado de las pulgas y que las mejores vistas de Montpellier son desde el Peyrou. He sentido la emoción de tener el mar a 20min de casa y la decepción al comprobar que no tiene olas. He perdido la cuenta de las horas que he corrido a la orilla del Lez y voy adaptando mi cuerpo a una dieta de cereales, caldo de verduras, queso y cerveza. Desarrollo la teoría de qu'il faut pas parler plusieurs langues if you can mix them all y estoy construyendo mi propio dialecto. Aumenta cada día mi colección de risas, anécdotas y resacas. 
        Os echo de menos sin querer volver.



        En tres meses la vida ha dado más vueltas que el carrusel (presque toujours vide) de Comédie y, aunque a veces las ausencias pesan, Erasmo de Rotterdam tiene buenos antídotos para mi.
         Vivo en un país donde España es el tercer mundo y cuyos habitantes lo llenan todo de bicis, huelgas, humo de cigarrillo y "oh putain!"... pero de momento esta tierra me está tratando bien.


        martes, 24 de septiembre de 2013

        "—¿Sabías que el mar aquí es muy importante? Donde más...
         —No hay mar aqui.
         —Por eso, es donde más se piensa en él. Las cosas no son importantes porque existen, son importantes porque se piensa en ellas. Mi madre lo dice siempre, que existimos porque alguien piensa en nosotros y no al revés."
          (Princesas)


        domingo, 11 de agosto de 2013

         
        En las callejuelas angostas hasta el más diminuto insecto proyecta gigantescas sombras.

        martes, 28 de mayo de 2013

        Poetas




        "Maldigo la poesía concebida como un lujo 
        cultural por los neutrales
        que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
        Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse."
        Gabriel Celaya






        Es la Historia que está viva.
        Corazones que bombean sangre de un mismo color.  
        Pies que tantean el suelo al estrenar primeros pasos.
        La historia que se esconde en cada arruga de un anciano,
        la experiencia que segrega cada poro de su piel.
        Aspereza en unas manos que trabajan la tierra que les vio nacer.
        El chasquido de las vértebras de quien estira su cansancio.
        Gestos tiznados de carbón, cejas empapadas en sudor.
        Rumbos vagabundos de quien viaja sin billete,
        con lo puesto, sin prisa y sin dirección
        Entrañas del cuaderno que escribió el preso en su celda.
        El arrojo y la humildad de la piedra contra el tanque.
        La resistencia del que lucha mimetizado en el monte.
        La risa inesperada que hace retroceder al miedo.
        Endurecerse, como Ernesto, sin perder jamás la ternura.
        La inmensidad azul que inspiró a Neruda.
        El camino que hizo al andar Machado en su marcha hacia el exilio.
        El arma con que Celaya disparó versos de futuro.
        La libertad para la que Miguel Hernández
        sangraba, luchaba y pervivía, 
        y en cuya bandera bordó Lorca el amor más grande de su vida.
        La boca de Benedetti que supo gritar rebeldía.
        El incesante galopar de los pueblos que cantó Alberti:
        "hasta enterrarlos en el mar".
        Las diez mil manos, sembrando y produciendo, 
        y Víctor Jara gritando "¡A desalambrar!"
        Las mujeres que no se conforman con parir leones.
        Los que, como Arenas, permanecen en la lluvia .
        Lo sencillo difícil de realizar que dijo Brecht.

        Porque la poesía es también  (y sobretodo) el grito de los sin voz.


        Imagen de Tina Modotti

        viernes, 8 de marzo de 2013

        Arrugas

        La abuela no te llevaba a heladerías en verano, pero llenaba el tercer cajón del congelador con los helados favoritos de sus muchos nietos y el abuelo contribuía a vaciarlo sin grandes esfuerzos.

        Te gustaba mirar cómo se limpiaba el chocolate de las comisuras con esas servilletas rosas de papel para después doblar y redoblar en infinitos pliegues perfectos, que plisaba con la uña, el envoltorio vacío del helado. Era uno de sus muchos rituales; gestos que repetía en silencio, con calma y suma concentración, aunque solo se tratase de cubrir un filete empanado con lunares de ketchup.

        Estabas convencida de que era el hombre más goloso de la Tierra y llegaste a pensar que si le lamías la cara tenía que saber dulce a la fuerza. Era él quien se sacaba caramelos del bolsillo como por arte de magia y quien te descubrió el maravilloso mundo de la leche condensada. A pesar de ello se permitía el lujo de aconsejarte: "Si comes muchas chucherías te saldrán lombrices en el culo". Entonces, te comías los helados con miedo, esperando que un poquito de vainilla no fuese suficiente para llenarte las entrañas de gusanos. 

        Las manos de la abuela eran finas y arrugadas, con esa piel casi trasparente que dejaba adivinar unas venas muy marcadas, como gusanos azules y alargados. Quizás ella también había comido demasiadas golosinas. Las manos del abuelo eran diferentes: grandes y muy asperas, "de labrar" decía siempre, y la ausencia de un dedo era la excusa perfecta cuando perdía jugando a los bolos en el parque. 

        La abuela siempre tenía un rato para tus cosas de niños. Podía tomarse 6 o 7 de los cafés imaginarios que le preparabas sin quejarse por la cafeina. "Ten cuidado, ¡que quema!" le decías, y ella soplaba el vaso vacío y lo removía antes de beber nada. Finjía emoción cuando le dabas "un regalito" que resultaba ser el mando de la tele envuelto en el paño de ganchillo que cubría la mesa del salón y se maravillaba de lo guapa que estabas cuando te lo ponías sobre los rizos y decías tener melena larga. Larguísima.

        Desde tu mirada infantil no lo apreciabas, pero eran diferentes. Tremendamente diferentes. Tardaste tiempo en comprender cómo se querían tanto y se entendían tan bien.
        Con los años decidiste que se complementaban mutuamente, como el aceite y el vinagre de una ensalada.


        Años después queda una abuela, más cansada, que juega con sus bisnietos, 
        un cajón lleno de helados que se vacía más despacio 
        y una ensalada sin vinagre.